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Reseña: 'Kena: Bridge of Spirits'

  • Foto del escritor: Javi Fernandez
    Javi Fernandez
  • 7 ene 2022
  • 4 min de lectura

¡Muy buenas, Cocteleros e Ideadoras! Me paso de nuevo por aquí para comentaros mis impresiones sobre un juego al que tenía muchas ganas de jugar. Ya cuando lo reservé en la edición digital (en aquel entonces aún no estaba previsto que saliera en físico) evité ver trailers y leer nada que pudiese deteriorar la experiencia que intuía que iba a ser. Porque sí, en mi caso debo decir que más que un juego ha sido una experiencia muy bonita, con esa animación preciosista, el color, los paisajes, y una historia que, sin conocer demasiado, se preveía interesante. Es para mí un placer hablar de Kena: Bridge of Spirits.


Aviso que a partir de este momento el texto puede contener SPOILERS, de modo que si piensas jugarlo y prefieres no saber más al respecto, te recomiendo que te pases por aquí más adelante.


Después de unos años jugando a juegos con una estética más realista (tales como Uncharted o The Last of Us, por ejemplo), ver el anuncio de un juego cuya animación se asemejaba más a una película de Pixar que a una de acción real me llamó la atención. Como he dicho en la introducción, esos colores tan vivos y alegres, la estética mística que envuelve el entorno veas la secuencia que veas, y el lore fantástico que lo rodeaba me atraparon por completo solamente con la portada.


Sin ser un experto en creación y diseño de videojuegos tengo que decir que el apartado gráfico me ha sorprendido. Las cinemáticas tienen un nivel altísimo y parece que estemos viendo una película de animación, pero es que la estética ya en el modo de juego tampoco se queda muy atrás. Los movimientos, las acciones de combate, me han parecido muy fluidas, y en ese aspecto he disfrutado mucho de su jugabilidad.


Una jugabilidad que se mezcla con el progreso narrativo del propio juego. Se trata de un juego en el que hay coleccionables (los siempre curiosos sombreros Rot que tanto me ha gustado recolectar), así como rutas secretas para conseguir elementos para misiones secundarias (los correos de espíritu) y elementos de mejora (los lugares de meditación), y con una trama principal que aunque no es tan extensa como los grandes productos de la industria me ha resultado enriquecedora. Ni tan corta como para dejarte a medias, ni tan larga como para hacerse monótono. El punto en el que me ha dejado el juego al acabar es el de “¡ojalá saquen una continuación muy pronto!” Pero a eso ya volveremos.


A media que vas avanzando ves como los enemigos empiezan a ser cada vez más fuertes, y no solo eso, también son más complicados de vencer. Puede parecer lo mismo, pero en algunos casos hace falta más que poder para derrotarlos, valores tales como la habilidad o la astucia para buscar sus puntos débiles. Sobre todo con los jefes finales de cada nivel. Además, a nada que se avance en el juego se van desbloqueando nuevas mejoras y habilidades para Kena, nuestra querida protagonista, que hacen que el aburrimiento quede en un segundo plano hasta que llegas a los créditos finales.


Hablando ya de los personajes, el diseño de los enemigos me ha parecido muy curiosa, acorde a la estética “putrefacta” de las zonas infectadas a lo largo del territorio. Los personajes que acompañan a Kena durante la aventura son también diversos, empezando por los pequeños gemelos que nos encontramos al inicio de la aventura, hasta el terrible Toshi del final de la historia. Y aquí viene lo que más me ha gustado: cada uno de estos personajes tiene un pasado que te llega al alma. Porque el gran atractivo de este producto es, bajo mi punto de vista, el factor emocional. Cómo con su característica manera de narrar un gran evento, por medio de flashbacks rodeados de misterio, te consigue cautivar hasta llegar al final. Y la música, otro elemento maravilloso del juego, es el acompañante perfecto de una receta que va en crescendo para encontrar el clímax en la batalla final.


No quería terminar todo esto sin hablar de nuestros queridos Rot. ¿Acaso hay alguien al que no le hayan caído bien estos pequeñines? La emoción de encontrar una pequeña bolita luminosa de color violeta ha sido indescriptible a lo largo de la aventura. Al fin y al cabo ha sido gracias a su inestimable ayuda que se ha conseguido otro fenómeno tan maravilloso como es el de la disipación de las zonas putrefactas.


En definitiva, la jugabilidad tan versátil que demuestra (y cada vez más amplia a medida que se avanza en el juego), las estrategias que hace falta desarrollar a la hora de derrotar a enemigos, encontrar caminos ocultos o resolver puzzles, la historia tan original como interesante, y la estética preciosista y amable han hecho que este sea uno de los mejores juegos a los que he jugado en mucho tiempo. No, no es una gran producción, pero a veces no hace falta ser demasiado grande para ser maravilloso.


Disfrutad de Kena, tanto de lo que se cuenta como de lo que no, con ese final tan místico como lo es la propia experiencia del juego.





 
 
 

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